Bonilla te llora, Ucrania. Hasta aquí llega el dolor de la guerra.

Incrédulos asistimos a imágenes dantescas. Sentimos vuestro desgarro con cada bomba caída. Con cada gota de sangre derramada. Con cada mirada perdida al otro lado de la frontera en busca de una nueva vida. Un éxodo que nos recuerda a otros no demasiado lejanos y prácticamente olvidados.

Hoy eres tú, Ucrania, el centro de nuestra atención. Todos somos un poco vosotros y queremos, con más o menos acierto, cubrir vuestras necesidades urgentes en una muestra de solidaridad sin límites.

Nunca quisimos con tanta fuerza que David ganara a Goliat. Admiramos y respetamos vuestro orgullo patrio. Vuestra esperanza infinita. Vuestro tremendo coraje. Conscientes de que, a pesar de todo, el precio a pagar es muy alto mientras hacéis creíble la frase: “más vale morir de pie que vivir de rodillas”.

Bonilla te llora, Ucrania porque no hay espacio para la sonrisa. Ni siquiera el cómico que llegó a la presidencia ríe. El humor se volvió tan negro que es imposible gastar una broma. Pero hoy, convertido en héroe, ha conseguido que incluso aquellos que no creían en él se rindan a sus pies.

Todo actor sueña con que al final de la función el público se ponga en pie y le despida entre aplausos. Zelensky, el hombre fuerte del país, lo ha conseguido con un discurso certero que llega a lo más profundo del alma.

Pero Goliat sigue teniendo demasiada fuerza. David arremete contra él, haciéndole retroceder contra todo pronóstico, resistiendo a cada ataque, sabiendo que la rendición no es una opción. Y así, entre aquellos que intentan ponerse a salvo, quienes ofrecen ayuda humanitaria, los que luchan en primera línea y el pueblo que aguanta estoicamente una represión sin límites y un trato inhumano que pasará a la historia, alguien, con su música, intenta acallar los sonidos de la guerra. Música que sana el corazón. Música que recuerda tiempos mejores. Música que llega hasta lugares en paz como Bonilla, Pajarejos, Cabezas o Rivera del Corneja para recordarnos lo hermoso que es algo tan simple como el sonido de una nota perdida. El rumor del viento. Incluso hasta el propio silencio de un valle como el del Corneja.

La música seguirá sonando. Su magia seguirá existiendo. Y un día, esperemos que cercano, sustituirá a la banda sonora de un pueblo que no duerme con las sirenas antiaéreas, disparos y bombas.

Bonilla te llora, Ucrania. Pero junto a vosotros lanzamos vuestro grito de orgullo: Slava Ukrayini. Gloria a Ucrania.

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