«non era honra de ningún rey, que otro rey alguno, por muy cercano e debdo que fuese, ficiese morada nin estoviese en otro reino»

Esta frase le dijo Juan II, Rey de Castilla y León, al infante de Aragón, Don Juan, cuando lo expulso de la corte de Castilla.

Los motivos eran por la guerra de los Infantes de Aragón, reclamando sus derechos sobre el Reino de Castilla, lo que obligó al Rey Juan II, estando en inferioridad, pues varios nobles apyaban la causa de los Infantes. Por esa razón el monarca estuvo viviendo durante un tiempo en el Palacio-Castillo de Bonilla de la Sierra, protegido del Obispo de Avila, Diego Gómez de Fuensalida