Deja tus problemas en la entrada de nuestro valle y disfruta de cada estación.

¿Quién no tiene recuerdos de la niñez? Buenos, malos, temas olvidados que de pronto surgen, situaciones que aún hoy diariamente recuerdas, personas que te han marcado o dejado un vacío difícil de llenar… Te propongo permitirte sentir, repasar esos recuerdos mientras cruzas otra de las pasaderas del Valle del Corneja. De la mano de una buena amiga, recorramos juntos este pequeño tramo de losas de granito que tantas y tantas historias podrían explicar. Necesitas renovar tus sensaciones, ven a Ávila, ven al Valle del Corneja. Deja tus problemas en la entrada y disfruta de cada estación. Aquí las tenemos todas. ¿Me acompañas un poquito más? 

Hoy te acerco a dos pequeños núcleos en el centro del Valle separados por nuestro inseparable amigo: el Río Corneja. Palacios de Corneja y San Bartolomé de Corneja comparten ayuntamiento, aunque no siempre fue así. Separados apenas por un km, hoy en día podemos ir de uno a otro por la carretera, pero no siempre la carretera existió. Hubo un tiempo en el que fuera bastante probable que el paso por el río se hiciera por la protagonista de la historia que voy a narrarte: La Pasadera sobre el Corneja.  

Con restos cercanos de una vía romana -difíciles de ver- y con la constancia de que algún ramal de vía pecuaria trashumante de importancia en el valle discurriera sobre esas losas, la pasadera permanece hoy ajena a la pérdida de relevancia en sus funciones. Te aconsejo mi artículo sobre vías pecuarias “De calzadas romanas a La Mesta, vías pecuarias en el Valle del Corneja.” para conocer más sobre estas vías en nuestro Valle. 

 

 Bonitos recuerdos que no pude pasar por alto

¿Cuántas cosas nos susurraría ese granito? Muchas. Entre otras esta que comparto contigo. Ya hace unos meses, en una comida, hablando de diversos temas del valle, apareció este bello rincón.  Surgieron recuerdos, recuerdos de la infancia, de aquellos bonitos que no pude pasar por alto. Es mi debilidad, lo siento. Propuse a esa persona ir al lugar y repasar esos recuerdos “in situ”. ¡Qué maravilla ver esos ojos brillantes, esa cara de añoranza mientras compartía conmigo ese trocito de vida! Nada hay más hermoso que compartir vivencias, ambas partes aprenden y se ayudan en ese momento.  Esto fue lo que tuve la suerte de vivir aquel día: 

 

“Una de caminos, moras, puentes, toallas y tardes de verano en el río”.

A ti Esther. 

El tiempo pasa, tanto que quizás ya unos 25 años.

Como casi todos los días por la tarde durante el verano un Seat Panda rojo salía de Piedrahíta por la carretera de Béjar. A la altura del cruce con la de Berrocal giraba y continuaba hasta su destino: Palacios de Corneja. 

Cinco personas. Una familia. Cada uno con sus pensamientos, sus problemas. Tres pequeños iban sentados, como podían,  detrás.  

¿Qué decir de sus problemas, de sus pensamientos? 
¡Qué bien iremos al río! 
¡Qué mal seguro nos mandan hacer algo con las vacas! 

En el pueblo como siempre los abuelos que esperaban a sus nietos y al salir del coche caminos de tierra, muchas veces embarrados. Los transitaban saltando de piedra en piedra. Alguna, de vez en cuando, cedía a derecha o izquierda y…lógico final: pie embarrado.  

Pero era época de que eso no importaba.  ¡Qué tiempos aquellos! 

Aquel día estaban de enhorabuena pues tocaba río, ¡lo mejor del día! Las vacas para otro día. Camino hacía el Corneja. La madre siempre acompañando, nunca se sabía qué podía suceder. Toallas, bicis y seguro alguna cosa en la bolsa por si los niños necesitaban algo. Por el camino, “praos”, la dehesa y zarzas. ¡Qué ricas las mermeladas con aquellas moras! Eso si era mermelada de fruta. ¡Qué tiempos aquellos! 

Llegaban al río. La pasarela de losas de granito siempre les esperaba . Un espectacular paso para que las personas pudieran cruzar las aguas mientras los rebaños lo hacían por abajo. Y allí, ¡a divertirse! Que si vamos rio arriba y nos hacemos unas pozas con sacos llenos de arena. Que si vamos bajo el puente a hacer eco. Que si no te atreves a cruzar por la pasarela en bici sin caerte…era época de risas, de alegría, de con que poco nos entretenemos y de compartir con los hermanos lo que la naturaleza les ofrecía. ¡Qué tiempos aquellos! 

Un montículo de arena asomaba tímidamente por encima del agua y allí ponían las toallas. Era su isla. Era el trocito de tierra que por unas horas le arrebataban al río.  Así pasaban la tarde hasta que la hora de irse se acercaba y tocaba volver a casa.

A la llegada la tortilla de patatas y el queso de vaca que su abuela hacía. Eso si era casero. ¡Qué tiempos aquellos! 

Y así, tarde tras tarde, pasaban el verano hasta que, como muchas veces sucede, uno se hace mayor, falta alguien y todo cambia.

 …

Qué bonitos esos recuerdos de niñez, ¿verdad?  Me pregunto y os pregunto ¿Por qué perdemos esa inocencia? ¿Por qué uno se hace mayor y eso cambia? ¿Tiene sentido? 

Necesitas renovar tus sensaciones, ven a Ávila, ven al Valle del Corneja. Sal al interior vuélvete niño por un momento. Siente la esencia del valle y déjate llevar por sensaciones que seguro tienes, pero olvidadas…lo agradecerás.

Atrévete a venir, deja los problemas en la entrada de nuestro valle y disfruta de cada estación, ¿me sigues? 

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