Bonilla, su Historia

Bona villa o Bonilla de la Sierra

Se encuentra ubicado en el corazón del valle del Corneja, entre las sierras de Villanueva y el Mirón por el norte y Villafranca y Santiago por el sur.
Podemos encontrar en Bonilla muestras de las diferentes culturas que han marcado la historia de estas tierras.
Entre los pueblos que habitaron esta región en la época anterior a la invasión y conquista romanas (siglos V y IV a.C.) aparecen: vettones, lusitanos y turdetanos. Los vettones se caracterizan por representar el substrato cultural más primitivo, siendo el ganado la base de su sistema productivo.

Más información

altar rupestreHay yacimientos pertenecientes al periodo romano. Caminos y rutas ganaderas entre las que está la calzadilla que parte desde el puerto de Villatoro y que pasando por el valle se dirigía hacia Bejar dando origen a asentamientos humanos próximos a estos lugares.
Ya en la Edad media en el año 981, Fernan González, conde castellano, tomó Bonilla para posteriormente tomar Piedrahita. Esto demuestra que ya en el siglo X, existía una población estable en la villa.
Debido a la consolidación en el siglo XI de Avila ciudad, como centro militar de la frontera árabe-castellana y bajo el mandato de D. Raimundo de la Borgoña, los territorios abulenses adquirieron un crecimiento repoblador en el ámbito económico, militar y administrativo. Al no poder controlar tanta tierra, La Corona o el Concejo ciudadano realizaban donaciones a los caballeros que se habían distinguido pos sus servicios a algunas de estas instituciones.
El obispo abulense D. Domingo Blasco (1212-1272), recibió Bonilla como donación, confirmado después por Honorio III. Al tiempo como consecuencia de una política de concentración territorial llevada a cabo por el obispado se convertirá en el núcleo principal de su patrimonio.
En 1250, Bonilla aparece como villa de jurisdicción episcopal junto a Villanueva del Campillo, a la que dos décadas después se añaden según carta de Alfonso X, los lugares de Santa María del Mesegar, Malpartida y San Bartolomé, posteriormente Becedillas, Cabezas de Bonilla y Pajarejos son también anexionados.
En este periodo, Bonilla adquirió una gran importancia llegando a ser una de las villas mayores del obispado, sobre todo en el ámbito religioso, dado que el señor de Bonilla (obispo de Avila), residía durante el periodo estival en la villa, por lo que era obligado tramitar todo tipo de asuntos de la administración episcopal en ella. De esta manera se estableció la secretaria episcopal en la calle bonillana del Mirón.Cruz de la Plaza
Desde antiguo tuvo la categoría de Villa (“ se llama villa a la aldea, parroquia o concejo que pose muralla o cualquier o cualquier otro tipo de fortificación”).
En 1307, la Villa estaba conformado por las siguientes villas y aldeas: El Guijo, San Bartolomé de Corneja, Villanueva del Campillo, Vadillo de la Sierra, Serranos, Santa María del Mesegar, Malpartida de Corneja, Becedillas, Cabezas de Bonilla, Pajarejos y Casas del Puerto de Bonilla. Ante el extenso territorio que estos lugares comprendían se creo una nueva planificación administrativa y de explotación distinta llamada comunidad de villa y tierra, para aprovechar mejor los pastos, las huertas y los espacios comunitarios. Se trataba de una Comunidad basada en una economía agrícola-ganadera donde el cultivo del trigo, el centeno y la cebada, vivía en consonancia con la cría del ganado ovino, el vacuno explotado principalmente por el clero y el ganado de cerda el cual era la base de la alimentación de las familias de la zona.
En el siglo XIV, la población de Bonilla era importante, pero los problemas políticos, el clima, el hambre y la peste produjo muchas muertes en los pueblos de Castilla.
La economía agricola-ganadera de Bonilla, permitió que saliese de la crisis con mayor rapidez que otros núcleos. Se generalizo la trashumancia y existen pruebas de una antigua cañada que cruzaba Bonilla y que hacen referencia los libros de Fabrica de Bonilla. Al crecer la ganadería también lo hicieron las industrias relacionadas con el sector, como la artesanía.
La construcción del palacio episcopal ayudo de manera importante a la creación de empleo.
No conviene olvidar el papel jugado por el sector industrial que aunque no estaba tan desarrollado como la actividad agrícola y la ganadera, se hizo notar en la industria textil y en la molinera situada principalmente en los márgenes del río Corneja.
Había un importante colectivo judío en esta comunidad que gozaba de una cierta autonomía, llegando a tener sus propios jueces y cofradías.
El rey Juan II de Castilla, dio autorización a los judíos de Bonilla para realizar importantes negocios comerciales, que unido al buen ambiente reinante entre los diferentes colectivos de población que convivían en esta área, hacía de Bonilla una de las poblaciones más prósperas de la región.
Todo cambió con la persecución llevada a cabo por la Inquisición contra el pueblo hebreo a finales del siglo XV y con la firma del decreto de expulsión del 31 de Marzo de 1492. Los sefarditas abandonaron su tierra natal, dejando sus negocios y bienes o malvendiendolos.
En 1384, Bonilla fue sede del sínodo diocesano, en el que se redactaron las famosas constituciones sinodales, conocidas como Constituciones Sinodales de Bonilla. Y en 1440, se celebraron las Cortes de la corona de los reinos de Castilla y León, que tuvieron como objeto la pacificación del reino, revuelto por las pugnas entre los infantes de Aragón y el condestable don Alvaro de Luna. En estos momentos el castillo-palacio de Bonilla era refugio de Juan II, estando al amparo de su fiel seguidor Lope Barrientos, Obispo de Avila.
Bonilla, tuvo en su andadura cultural insignes figuras que al tener la condición de obispos de Avila, la mayoría de ellos, se haría demasiado larga una relacion completa, pero es obligatorio recordar a D. Alonso de Madrigal “ El Tostado”, que realizo la mayor parte de su obra en la villa, muriendo en ella en septiembre de 1455, o el benefactor de la villa y promotor de la colegiata, Juan de Carvajal, que alcanzo el capelo cardenalicio con el nombre de Sant Angelo in Pecheria (1439-1469).
Gracias a su intervención el papa Alejandro VI, concedió el titulo de católicos al rey Fernando de Aragón y a Isabel, Reina de Castilla y León.
En el Siglo XVIII con la Desamortización de Mendizábal, Bonilla de la Sierra dejó de pertenecer al Obispado de Avila y desapareció prácticamente el convento que había en las afueras de la villa y que fue reconstruído en dos ocasiones. Queda alguna huella del mismo.
Luego todos estos pueblos han ido perdiendo parte de su patrimonio cultural, arte por la neglicencia de las autoridades y otra parte porque la Comunidad de Castilla y León tiene un patrimonio impresionante, desde los vettones, romanos, visigodos, árabes, etc,.

Documentos y enlaces

Relación de documentos y enlaces que amplian el conocimiento y la importancia de Bonilla de la Sierra en su historia

 

El Pozo de Santa Bárbara en Bonilla de la Sierra (Ávila)

Una obra singular de ingeniería hidráulica, posiblemente medieval, construida intramuros de la Villa episcopal
© José María Pita

“rumiando grandezas medievales
Bonilla episcopal, entre encinares”
Dámaso Barranco

La monumentalidad de Bonilla de la Sierra ha llamado siempre la atención de los investigadores, cuyo interés se ha centrado, preferentemente, en torno a sus grandes construcciones, en diversos estados de conservación, ó a los vestigios de algunas ya desaparecidas. Pero, que yo sepa, poca atención se ha prestado hasta ahora, al magnífico aljibe –posiblemente medieval– que en el pueblo conocen como “Pozo de Santa Barbara” o “Pozo romano”.

Hasta donde sabemos, nadie se ha ocupado de poner en valor esta obra singular de ingeniería hidráulica, de la que contamos con innumerables ejemplos en nuestro patrimonio, tales como acueductos, embalses, aljibes, acequias, etc., de filiación romana, visigoda o árabe, y dedicadas a usos tanto civiles como militares.

¿Quién y para qué? son las primeras preguntas que nos hacemos al contemplar una obra de estas características en una población del tamaño de Bonilla de la Sierra, cuyo pasado esplendor explicaría la necesidad de mantener una reserva de agua para fines tan diversos como los usos agrícolas, ganaderos, la industria textil o la defensa militar del recinto amurallado.

Bonilla de la Sierra

Es un pequeño y bellísimo pueblecito de 155 habitantes (1), en el Valle del Corneja, a unos 20 km de Piedrahita, del que Dionisio Ridruejo dijo:

“Es uno de los pueblos bonitos de la provincia y conserva aún en su mayor parte las antiguas murallas con su puerta de ojiva insinuada y buenos matacanes donde se ven los roeles de los Dávila, quizá puestos allí por el Obispo Sancho en el siglo XIV , que es la época de la construcción. El lugar en el que se emplaza el pueblo es un poco sombrio. El caserío se ve bastante apretado y mantiene, en lo popular como en lo noble, un enorme carácter” (2).

La obra primitiva del castillo parece que se remonta al siglo XII, lo que nos habla de la importancia secular del señorío en años tan lejanos y los trabajos de reacondicionamiento de siglos posteriores lo confirman.

Bonilla fue un importante centro militar, villa señorial de Raimundo de Borgoña, y perteneció a la Mitra de Ávila desde el siglo XIII, cuando le fue donada al Obispo Blasco, convirtiéndose desde entonces y hasta el siglo XVIII, en residencia ocasional o habitual de los obispos abulenses, incluido D. Alonso de Madrigal “El Tostado” que residió, trabajó y murió en ella en 1455.

Con antecedentes prehistóricos documentados, “se evidencia una presencia humana estable en torno al año 2000 a. C., teniendo como base de su supervivencia la explotación agrícola-ganadera…” (3) La misma fuente señala que Bonilla, “desde época temprana fue uno de los más destacados centros de administración eclesial, por lo que, unido a ser cabeza de señorío episcopal y estar fortificada, tuvo desde antiguo categoría de Villa”. Subraya también el mismo autor la importancia de la trashumancia ganadera de la villa en los tiempos vetones, a través de dos importantes rutas —la cañada occidental Soriana y la del Valle Amblés, que enlazan hacia Cáceres por Tornavacas—, lo que sin duda confirman los toros y verracos aparecidos en los puntos destacados de estos itinerarios.

A esta pretérita y continuada actividad ganadera hay que sumar un importante desarrollo artesanal, ya en la Edad Media, “favorecido en la villa y alguna de sus aldeas, por un importante grupo de minorías étnicas (moros y judíos) que incentivaron el desarrollo de talleres y la actividad comercial” (4), aportando datos fehacientes de industrias textiles que trabajaron el lino y la lana.

El aljibe de Bonilla de la Sierra

El lenguaje popular, la tradición oral, bautizan frecuentemente como “romano” ó “moro” vestigios heredados cualquiera que sea su origen, y así diversos investigadores han constatado agradecidos que, en muchos casos, estas voces populares les ponían en la pista de manifestaciones artísticas o culturales anteriores a la Edad Media, hecho sobre el que ya hemos llamado la atención en otros trabajos. En el caso que nos ocupa se da esta circunstancia ya que, como hemos avanzado, este aljibe de “Santa Bárbara” es también conocido como “pozo romano” y “pozo de la mora”, con sus leyendas colaterales: la mora que habita en el fondo, el pasadizo secreto, etc.

La Real Academia de la Lengua define el término aljibe como derivado del árabe hispano algúbb, y este del árabe clásico gubb, en su acepción como cisterna, es decir como “depósito subterráneo donde se recoge y conserva el agua llovediza o la que se lleva de algún río o manantial”. Pero también nos pone en la pista de una acepción, hoy en desuso, como es la de “cárcel subterránea”, uso que no sería disparatado atribuir en algún momento de su historia a esta obra que nos ocupa.

Si nos atenemos a la clasificación académica al uso de obras similares dispersas por nuestra geografía, con predominio en los grandes centros ocupados por la dominación árabe, el aljibe que vamos a estudiar a continuación no se encuadra en ninguno de sus tipos, presentando características comunes a varios de ellos. Dicho de otro modo, se trata de una gran obra con perfiles arquitectónicos singulares en su ejecución (grandes sillares de piedra perfectamente canteados, en lugar de muros de ladrillo, ausencia de elementos filtrantes, impluvio a cielo abierto, etc.,) como iremos viendo, y que dificultan la determinación de su funcionalidad, más allá de la obvia misión de almacenar el agua de la lluvia y del manantial. El esfuerzo constructivo que supone acometer una obra de estas características solo se justifica por la imperiosa necesidad de garantizar el suministro de agua a la población. Algunos tratados militares señalan la necesidad de construir estos aljibes cerca de torres o cubos de la muralla, ó junto a muros donde, en algunos casos, aparecen restos de alguna alberca para la decantación del agua recogida (5).

Nos referíamos antes, casi de pasada, a las singularidades que presenta este aljibe frente a otros, y vamos a referirnos ahora a una que nos ha llamado mucho la atención. Se trata del impluvio, es decir la abertura por la se recogía en las construcciones romanas el agua que vertía el tejado, mientras que en la aquitectura árabe, el agua se recogía y dirigía al aljibe o cisterna mediante canalones.

Este croquis elaborado con las notas tomadas sobre el terreno, a mano alzada, contiene una aproximación básica a todos los elementos arquitectónicos del aljibe, así como sus cotas medidas en la fecha que consigo pues, por ejemplo, el nivel de agua varía, como es lógico, con el paso de las estaciones. En el momento que hicimos la medición el aljibe contenía, según nuestra estimación, 17,16 m3 de agua, es decir 17.160 L que no van a ser utilizados, pues está en desuso desde hace ya muchos años. Nos consta que fue limpiado hace un año ó poco más.

Descontadas las restauraciones e intervenciones que haya podido sufrir con el paso del tiempo, lo que hoy vemos es un pozo sin bóveda ni elementos filtrantes, que recoge y almacena el agua subterránea de un manantial más la de lluvia, tal y como cae. Es inimaginable su utilización actual para el abastecimiento doméstico, pero si relacionamos su capacidad con los datos de población conocidos para períodos medievales y posteriores, la obra cobra sentido. La arqueología podría arrojar luz sobre la primitiva edificación de la que no hemos encontrado (todavía) referencias documentales. No descarto la posibilidad de que, como he mencionado antes, algún tipo de cubierta ó edificación protegiera de la luz la boca del impluvio.

A la vista del croquis, parece claro que el Pozo de Santa Bárbara presenta elementos arquitectónicos propios de la construcción romana (sillares, arcos y bóveda, principalmente), aunque como afirma mi amigo ya citado Dámaso Barranco, “es poco lo que podemos adelantar sobre la presencia del pueblo romano en esta parte del valle. Los yacimientos por nosotros constatados están ligados, o con antiguos caminos y rutas ganaderas, o bien a arroyos y riachuelos” (6).

Sin descartar de entrada la posibilidad, no demostrada a día de hoy, de que se trate de una obra romana, parece razonable relacionarla, como hipótesis de trabajo, con las construcciones medievales de carácter militar o señorial, el recinto amurallado y la necesidad de garantizar el abastecimiento de agua a una población estable que atendía labores ganaderas o una notable industria textil.

Hoy el pozo está aislado dentro de un recinto de contorno trapezoidal y 169 m2 de superficie, vecino al contorno de la primitiva muralla, tal y como se ve en las imágenes de satelite de Google, al alcance de todo el mundo en la red.

Una obra colosal

En la colección de imágenes que presento a continuación queda patente la magnitud de la obra. Los sillares canteados y la escalinata abovedada de medio punto, a los que ya me he referido, solo se explican por la presencia de obreros cualificados con experiencia en este tipo de obra y, desde luego, de un maestro ó maestros, como los constructores medievales que trabajaron en la muralla o en la Colegiata.

Esta primera aproximación al Pozo de Santa Bárbara solo pretende llamar la atención y paliar, en la medida de lo posible, el desconocimiento que afecta a éste y otros bienes patrimoniales; su divulgación puede servir para que los habitantes y visitantes de Bonilla, ó las propias autoridades se involucren en su mantenimiento y conservación que, creemos, son de responsabilidad colectiva y exceden las limitadas posibilidades presupuestarias de la Administración local.
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(1) Instituto Nacional de Estadística. Nomenclátor. Relación de unidades poblacionales. Año 2007.
(2) Dionisio Ridruejo. Castilla la Vieja 2. Ediciones Destino (Barcelona) 1974.
(3) Dámaso Barranco. Una aproximación histórica a dos comunidades de Villa y Tierra abulenses (La episcopal Bonilla y la señorial Villatoro). 1997.
(4) Op. cit. Pág. 28 y sig.
(5) Garrido Santiago, M., Arquitectura militar de la Orden de Santiago en Extremadura, Editora Regional de Extremadura, Mérida, 1989
(6) Dámaso Barranco. Op. cit. Pág. 13.

Ordenanzas y libros de cuentas de la Comunidad de Villa y Tierra de Piedrahita

 

TESIS DOCTORAL
Estudio jurídico-económico de las ordenanzas y libros de
cuentas de la Comunidad de Villa y Tierra de Piedrahita
como parte del Señorío de Valdecorneja.
MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR
PRESENTADA POR
Eduardo de la Calle Sánchez