La Mueda: agua, pastos y abrigo
J. Francisco Fabián explica la elección de La Mueda a partir de tres recursos: la cercanía del Corneja, los pastos de su vega y los abrigos que forman los bloques de granito. Los fragmentos cerámicos identificados en el lugar permiten reconocer una ocupación neolítica y otra posterior de la Edad del Cobre.
No se conoce una secuencia completa y continua entre ambas. El paisaje ayuda a formular preguntas, pero son los materiales y su contexto los que permiten reconstruir cómo se utilizó el territorio.

Una transformación en la forma de vivir
El Neolítico introdujo nuevas relaciones con los animales, los cultivos y el paisaje. En este sector del interior peninsular, la investigación resalta el peso del pastoreo y la combinación con la caza. No todos los grupos practicaron la agricultura con la misma intensidad.
La cerámica, los instrumentos de piedra y las características del abrigo son pistas para estudiar aquellas comunidades. Las decoraciones de los recipientes también permiten compararlas con otros lugares: las personas, los objetos y las ideas no estaban aislados.
La presencia de sílex en una comarca donde escasea esa roca plantea otra cuestión: cómo se obtenían las materias primas. El autor propone intercambios y contactos con otros territorios, sin dar por cerrado un único origen para todos los materiales.
La Edad del Cobre y un territorio más ocupado
Durante el tercer milenio antes de nuestra era, los indicios de ocupación aumentan en el valle. La agricultura y la ganadería adquieren un papel importante, y los lugares elegidos para vivir reflejan nuevas formas de aprovechar las tierras.
En La Mueda, los restos permiten estudiar herramientas, recipientes y actividades domésticas. Los fragmentos de barro con improntas vegetales se interpretan en relación con construcciones de madera recubiertas de barro. Es una reconstrucción arqueológica de las viviendas, no un poblado conservado que pueda recorrerse hoy.
El libro recoge además indicios en Los Majadales. Su dispersión obliga a ser prudentes: no todos los hallazgos equivalen a asentamientos grandes o permanentes.
Rocas que pudieron tener otro significado
El Canto del Mortero y las peñas de Navalterrero amplían el relato hacia los espacios interpretados como rituales. Los rebajes y escalones muestran intervención humana; el uso preciso de cada roca y su datación requieren estudiar el conjunto de evidencias.
El término «altar rupestre» expresa una interpretación. No permite afirmar, por sí solo, qué ceremonia se celebró ni que todas las peñas se utilizaran en una misma época.
Contenido para comprender el patrimonio arqueológico. No se ofrece un itinerario señalizado ni se presupone acceso a los yacimientos. No recojas materiales, alteres las rocas ni subas a ellas.
Fuentes y créditos
Fuente: J. Francisco Fabián García, Memoria de Bonilla. Su historia, su arte, sus gentes (2022), pp. 23–82. Síntesis divulgativa. Conocer la obra y las fuentes →









