La Comarca del Barco de Ávila-Piedrahita cuenta con uno de los lugares más distinguidos de la provincia: Bonilla de la Sierra. Un marco medieval incomparable que le ha llevado a ser reconocido como uno de los pueblos más bonitos de España. Esta villa, designada Conjunto Histórico Artístico en 1983, cuenta con un patrimonio que enamora a propios y extraños. Aunque más allá de los restos de su muralla, (construida entre los siglos XIII y XIV), su incomparable iglesia colegiata gótica, o el palacio que albergó a “lo más granado” de la sociedad abulense entre los siglos XIII y XVIII, “esconde” maravillas como el Molino de Chuy.

Abandonamos la N-110 en el desvío que indica hacia Bonilla. Aproximadamente un kilómetro más allá, a la izquierda de la carretera, permanece, ajeno al paso del tiempo, el molino ubicado en Ribera del Corneja, uno de los anejos bonillenses que cuenta con menos de diez habitantes. Un espacio dominado por la vegetación, el río Corneja y el puente Chuy, construido en 1411.

Las márgenes de este río albergaron hasta una veintena de molinos harineros siglos atrás. Los primeros podrían datar del año 1337. La escritura que conserva Mariano, dueño del Molino de Chuy, está fechada en 1821, año en el que pasó a manos de la familia. Si bien, tal y como recuerda, varias generaciones de su familia formaron parte del molino como renteros anteriormente.

 

El molinero acudía con los burros a los pueblos para recoger aquello que la población necesitaba moler. Una vez molido, lo llevaban de vuelta a aquellos que habían demandado sus servicios.

Su interior es un auténtico museo en el que se recuerda la importancia económica que estos molinos harineros tuvieron para la zona y para las familias que de ello vivían. Una manera de aprovechar el agua para moler el cereal y cubrir las necesidades de la población.

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Entre otras cosas podemos observar cómo se ponía en funcionamiento, mientras Mariano detalla, con pasión, cada uno de los componentes que han hecho posible que, durante siglos, pudieran llevar a cabo su función.

Un engranaje perfecto que recupera la memoria de uno de los motores económicos de una época de Bonilla de la Sierra y que alberga, además, otro museo dentro del mismo. La vivienda del molinero. Retazos de historia dignos de conocer.