Historia y patrimonio
La villa de los obispos de Ávila
Descubre cómo se gobernaba Bonilla, quién vivía en el castillo y qué huellas de aquella época puedes reconocer durante el paseo.
La clave para entender Bonilla
Una villa de los obispos, no la sede del obispado
Bonilla fue una villa de señorío eclesiástico: el obispo de Ávila ejercía aquí una autoridad que no se limitaba a la religión, sino que alcanzaba el gobierno, la justicia y determinadas rentas y derechos. Es ese poder señorial el que explica la expresión «villa episcopal».
La sede de la diócesis y su catedral estaban en Ávila. La residencia de los obispos en Bonilla no convertía a San Martín en catedral ni trasladaba aquí permanentemente el obispado. Distinguir sede, residencia y señorío ayuda a comprender el papel real de la villa.
Los primeros documentos
1224 y 1250: qué dicen los primeros documentos
En 1224 Honorio III confirmó al obispo la posesión de Bonilla, que ya tenía. El documento no es un acta de fundación ni permite fijar el día en que nació el núcleo habitado.
La relación elaborada por el cardenal Gil Torres en 1250 incluye Bonilla con sus pertenencias y dominio de vasallos. A lo largo del siglo XIII se documenta la incorporación de otros lugares a los dominios episcopales. La organización se construyó de forma gradual, no de una sola vez.
La vida del concejo
Obispo y concejo: poder, acuerdos y conflictos
El señor intervenía en el nombramiento de autoridades y en la justicia, pero el concejo defendía derechos, usos y aprovechamientos. Los vecinos y las aldeas tenían intereses propios; la historia del señorío incluye negociación, pleitos y resistencias.
En noviembre de 1520 se alcanzó una concordia durante el episcopado de fray Francisco Ruiz. El concejo proponía candidatos y el obispo conservaba una capacidad de elección; también se regulaba el ejercicio de la justicia. El acuerdo no eliminó las diferencias entre hidalgos y pecheros.
Las ordenanzas recopiladas entre 1500 y 1565 permiten acercarse a asuntos concretos: montes, ganado, tejidos, agua, multas y cargos. Esa documentación cuenta cómo se intentaba ordenar la vida cotidiana, además de quién ejercía la autoridad.
Villa, señorío y arciprestazgo
Tres ámbitos que conviene distinguir
La villa y tierra de Bonilla reunía la cabecera y sus aldeas, cada una con su concejo. Serafín de Tapia enumera Mesegar, Malpartida, Becedillas, Tórtoles, Cabezas, Pajarejos y Casas del Medio Puerto. Es una organización histórica, distinta del municipio actual.
El señorío episcopal era más amplio. Otras villas, como San Bartolomé de Corneja, El Guijo, Villanueva del Campillo y Vadillo, compartieron la jurisdicción del obispo. El estudio aclara que no por ello estaban todas subordinadas al concejo de Bonilla.
El arciprestazgo era una demarcación religiosa para organizar parroquias y clero. Su extensión y las localidades que agrupaba no coincidían automáticamente con la villa y tierra ni con todo el señorío. No deben dibujarse como un único territorio.

El edificio que explica la villa
El castillo-palacio: residencia, defensa y administración
Los obispos residían habitualmente en Ávila o atendían responsabilidades fuera de ella. En Bonilla pasaban temporadas, con especial presencia en verano, y algunos mantuvieron estancias prolongadas. Desde el palacio también podían despachar asuntos diocesanos.
La fortaleza reunía funciones defensivas, residenciales y de servicio. La documentación y los restos permiten hablar de aposentos, espacios de representación y dependencias de almacenamiento. Sus sucesivas reparaciones recuerdan que fue un edificio utilizado y transformado durante siglos.
El castillo está relacionado con la muralla, pero la historia de ambos no se reduce a una sola campaña constructiva. Las atribuciones de fases a determinados obispos deben contrastarse con las fábricas y los documentos. Hoy se observa desde el espacio público; no se anuncia una apertura interior ordinaria.
Una villa en la historia
Tres episodios del siglo XIV y del XV
4 de julio de 1384. Diego de los Roeles reunió en Bonilla un sínodo diocesano. Sus Constituciones Sinodales muestran el papel de la villa como escenario de una reunión eclesiástica de alcance diocesano. La reunión vinculó la residencia episcopal con la regulación de la vida religiosa de la diócesis.
18 de febrero–20 de abril de 1440. Juan II, acompañado por el futuro Enrique IV, permaneció en Bonilla en el contexto del enfrentamiento con sectores de la nobleza. Juan de Cervantes era entonces obispo de Ávila; la intervención de Lope de Barrientos, todavía obispo de Segovia, se considera probable. El libro señala que no llegaron a cercar ni a atacar la villa.
1455. Alonso de Madrigal, El Tostado, murió en Bonilla tras un breve episcopado abulense. Su actividad intelectual y sus temporadas en la residencia enlazan la historia local con la Universidad de Salamanca y los debates religiosos del siglo XV.
La vida cotidiana
El señorío también se sostenía en el trabajo
Las rentas, los diezmos y el almacenamiento de productos conectaban la villa con un territorio amplio. A ese movimiento se sumaban artesanos, comerciantes, molineros y trabajadores del campo. La importancia de Bonilla no dependía solo de la presencia ocasional de un obispo.
El conflicto comercial con Piedrahíta de 1412, estudiado por Serafín de Tapia, muestra hasta qué punto el intercambio y el traslado de productos podían convertirse en un asunto de poder. La autoridad religiosa y los intereses económicos se entrelazaban.
Las comunidades judías y musulmanas formaron parte de esa sociedad, bajo condiciones jurídicas desiguales y restricciones. Su historia exige hablar tanto de relaciones cotidianas como de exclusión y persecución, sin idealizar una convivencia siempre pacífica.
Patrimonio y enseñanza
Mecenazgo y ayuda social: no todos fueron obispos de Ávila
Juan de Carvajal promovió San Martín, pero no fue obispo de Ávila. El templo se explica por su mecenazgo y por los vínculos familiares estudiados en el libro, además de las intervenciones de otros promotores. Su gran arquitectura forma parte del paisaje de la villa episcopal sin atribuir a un solo obispo todo el patrimonio.
Fray Francisco Ruiz impulsó la alhóndiga en 1528; Francisco de Soto y Salazar, nacido en Bonilla, favoreció la enseñanza de gramática; Gaspar de Ortuño asumió el patronazgo de San Matías. Los testamentos de Sancha y Mencía de Carvajal recuerdan también la acción de mujeres en la beneficencia y la memoria local.
El fin del señorío
Siglo XIX: el final de una forma de gobernar
El estudio de Tapia sitúa el final del señorío en el contexto de la abolición de 1837. La desaparición de la jurisdicción civil debe distinguirse de la pérdida o venta de los bienes: los procesos desamortizadores modificaron después la propiedad del palacio y de otras posesiones.
Para el palacio se apunta una compra de Gaspar Domínguez en 1843. Los informes episcopales de 1863 y 1885 citados en el libro reconocen que la antigua jurisdicción civil ya no se ejercía. La expresión «villa episcopal» permanece hoy como una clave histórica, no como una forma vigente de gobierno.

Prepara tu paseo
Cómo reconocer ese pasado durante la visita
La plaza y San Martín permiten hablar de representación y mecenazgo. El entorno del castillo, de residencia y autoridad. Las casas, las fuentes y las salidas hacia el territorio, del trabajo y de los vecinos.
Utiliza el plano de monumentos para organizar el paseo. La interpretación histórica puede hacerse desde el espacio público; los interiores y las visitas guiadas dependen de las condiciones de apertura confirmadas.
Fuentes y créditos
Serafín de Tapia Sánchez y Raimundo Moreno Blanco, Memoria de Bonilla. Su historia, su arte, sus gentes (2022), pp. 103–159, 181–205, 219–220, 319–341, 379–415. Fuentes y bibliografía →









