Bonilla de la Sierra permanece ajena al tiempo: majestuosa, silenciosa, tranquila. El blanco manto de nieve se desliza, suavemente, por las laderas del campo. Apenas se mantiene en los tejados de sus casas vacías. Una imagen bucólica que alguien captó, hoy plasmada en el primer almanaque dedicado a la España vacía. Turismo de calendario.

Bonilla encabeza con orgullo el despertar de doce pueblos, doce historias. Centenares de vidas que reivindican su derecho a existir.

Este municipio medieval abulense siente la admiración de miradas extrañas, posadas en su bella estampa. Reconocido oficialmente como uno de los pueblos más bonitos de España, cobra protagonismo, revive con cada nueva visita. Se llena de orgullo ante cada alabanza.

Bonilla es enero, pero podría haber sido diciembre. Como esa modelo a la que un fotógrafo descubrió y el mundo no quiso olvidar, posa ante el objetivo, mostrando el esplendor de su colegiata. Más de cinco siglos de vida que la cámara inmortaliza, en la lejanía. Dejando sin desvelar el misterio de aquello que el turista podrá encontrar en su caminar: el castillo del siglo XII, que albergó a ilustres personajes, la “magia” de su pozo, los restos de su muralla…

Enero deja paso a febrero y Mombeltrán toma el relevo: Ávila en compañía. Castilla y León se refuerza con Berlanga, en Soria, y Villardeciervos, Zamora, en un caminar conjunto, dejando a un lado el olvido. Y junto a ellos otros pueblos recónditos, hoy un poco más visibles, mucho más vivos.

Dejamos atrás enero y nos encaminamos hacia julio, agosto, septiembre… Bonilla estará un poco menos lejos y mucho menos sola, hasta que el murmullo se vuelva apenas imperceptible.

El calendario irá dejando caer las hojas para llegar al final y de nuevo la nieve volverá a instalarse en la pequeña villa. Y tal vez, algún turista tardío recupere la bella estampa que un día albergó el primer mes de 2020. Turismo de calendario, que puedes descargar pinchando aquí.