
Bonilla también fue una villa de artesanos
El padrón de 1489 recoge perailes, tejedores, un tundidor y un mantero. La producción superaba las necesidades locales y permite hablar de una actividad ligada a intercambios comarcales.
Las ordenanzas del siglo XVI regulaban la calidad del sayal e imponían una marca en forma de V para identificar la fabricación local. Es una buena pista para comprender la reputación del producto y la preocupación por controlar sus características.
El Lavadero no era un lavadero de ropa
El Lavadero del Rosario acondicionaba la lana: necesitaba agua, almacenes y espacios de transporte. Es diferente de los pilones y lavaderos domésticos de la villa. El capítulo plantea una construcción de carácter industrial en el siglo XVIII, sin presentar una fecha cerrada como certeza.
Las normas sobre lavado de paños y enriado del lino muestran el cuidado por separar usos del agua. Las fuentes de abastecimiento no debían servir indiscriminadamente para cualquier trabajo.

La Casa Grande y la fabricación de sayales
Esta casa junto al lienzo norte de la muralla pasó a manos vinculadas al convento de San Matías a mediados del siglo XVIII. Allí se elaboraban tejidos para los hábitos franciscanos. La compra documentada en 1750 y otras referencias posteriores ayudan a seguir el proceso.
Los libros de cuentas del siglo XIX nombran lavanderos, escarmenadores, cardadores, canilleros, tejedores y bataneros. Detrás de una tela había una cadena de trabajos especializados.
Las guerras, los cambios de propiedad y la competencia de otras producciones alteraron la actividad. La casa volvió a manos particulares y se dividió; no se anuncia como una fábrica visitable.
El río como fuente de energía
Molinos, caceras y batanes recuerdan funciones distintas del agua. El molino trituraba cereal; el batán golpeaba y compactaba tejidos. No todos los edificios del río tuvieron el mismo uso.
Para una visita tranquila, enlaza este relato con el patrimonio del agua y con el Molino de Chuy. Los contenidos históricos no suponen autorización para entrar en edificios o fincas privadas.
Un nombre que encontrarás en los paneles
La Casa Grande aparece señalada como Casa de los Torres. El panel la relaciona con la manufactura textil y distingue el lavado de la lana en El Lavadero. No se trata de dos nombres para un mismo edificio.
Bonilla llegó a tener hasta siete molinos
El libro recoge hasta siete molinos en Bonilla: una cifra histórica que ayuda a comprender el papel del Corneja en la molienda del cereal. La ficha de Chuy explica cómo funcionaba uno de estos conjuntos y muestra su cacera y su interior.
Fuentes y créditos
Fuente: Jesús Gascón Bernal, Memoria de Bonilla. Su historia, su arte, sus gentes (2022), pp. 443–465. Síntesis divulgativa. Conocer la obra →
Fuente: paneles interpretativos del Ayuntamiento de Bonilla de la Sierra, con marcas de la Junta de Castilla y León y Nos Impulsa, facilitados en octubre de 2026. Consultar los paneles →









