España se despereza. Despierta del letargo. Se recompone, quiere fiesta.

La cuenta atrás de la desescalada ha comenzado. Fase uno, fase dos, fase tres… Como las campanadas de Noche Vieja, espera lo mejor. No es un nuevo año, es un nuevo verano. Una nueva España. Una renovada esperanza.

Días de sol y playa. De olor a campo. Verano rural. España divide su oferta, marcada por la seguridad y la distancia.

La España de interior se engalana para la ocasión, pero con cuidado. Pide prudencia. Quiere preservar su más preciado tesoro: los escasos habitantes que durante el año dan vida a cada uno de nuestros pueblos. Los guardianes que mantienen viva nuestra cultura. Sus mayores, los nuestros. Porque cada uno de ellos forma un poco parte de nosotros mismos.

Ellos también esperan en sus campos reverdecidos. La primavera ha extendido su alfombra verde, adornándola con flores silvestres. De fondo la más bella banda sonora; la del agua de unos ríos que este año descienden con más fuerza. La de unos pájaros que han vuelto a surcar un cielo más azul que nunca.

Cada pueblecito esconde la belleza del recogimiento, la del espacio que ahora necesitamos entre un desfile de mascarillas y prohibiciones. Prohibido acercarse. Prohibido abrazar. Prohibido tocar. Pero también prohibido no vivir. Vivir en mayúsculas, rindiendo homenaje a los que ya no están, a los que la pandemia se llevó.

Internet arde. Los pueblos más bonitos de España figuran entre las opciones más buscadas, aunque cada pequeño rincón de nuestra España vaciada tiene su personalidad, su rasgo diferenciador.

España necesita oxígeno. Un respirador natural que nos libere del artificial. Senderos sin masificación por los que pasear sin mascarilla. Belleza en estado puro de la que disfrutar, aunque nuestras relaciones sociales tengan que variar y nos preguntemos, como hizo el gran cantautor Víctor Manuel “a dónde irán los besos que guardamos, que no damos. Dónde se irá ese abrazo si no llegas nunca a darlo…” La respuesta la tenemos en nosotros mismos: irán al amor hacia los que nos rodean para preservarles de un virus que no ha se ha ido y del que tenemos que mantenernos alejados.

El verano rural, o no. nos espera, pero la vida, si no hacemos lo correcto, dejará de esperar…