
Un convento fuera de la villa
La comunidad se estableció en 1571 en un primer emplazamiento cedido por el concejo. Era una instalación modesta, distante e inadecuada. El libro explica su traslado como una respuesta a esas condiciones, no como una fundación realizada de una sola vez.
En 1574 Gaspar de Ortuño adquirió el nuevo terreno y asumió el patronazgo. Se proyectó un conjunto de mampostería, con cantería en huecos y una iglesia de dimensiones contenidas. Un incendio complicó la construcción; las fuentes citadas discrepan entre 1577 y 1581 para su inauguración.
Una comunidad que también trabajaba
Los siglos XVII y XVIII conocieron reparaciones de la enfermería, la iglesia, las conducciones de agua y otras dependencias. Las donaciones de vecinos y benefactores contribuían al mantenimiento y a los bienes artísticos.
Su historia se relaciona con la fábrica de sayales de la Casa Grande. El convento, la producción textil y el Lavadero eran realidades distintas, conectadas por la actividad económica de la lana.
Guerra, retornos y desaparición
La guerra de la Independencia y las supresiones de comunidades alteraron profundamente su vida. El estudio describe abandonos, saqueos, retornos y alojamientos provisionales, incluso en el palacio episcopal. La desamortización culminó la pérdida de la función conventual.
No queda un convento íntegro que pueda recorrerse como museo. Los vestigios y la documentación permiten recuperar su memoria sin reconstruir imaginariamente lo que se desconoce.
Antes de acercarte
No se anuncia aquí una visita interior ni una ruta señalizada. Confirma con el Ayuntamiento las condiciones de observación desde espacios públicos y respeta las propiedades y restos.
Fuentes y créditos
Fuente: Raimundo Moreno Blanco, Memoria de Bonilla. Su historia, su arte, sus gentes (2022), pp. 417–427. Síntesis divulgativa. Conocer la obra →









