A escasas jornadas para el 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, en pequeños municipios rurales en los que la despoblación se impone, hay mujeres que luchan por dar vida a unos pueblos en los que sobreviven escasas explotaciones agrícolas. Este es el testimonio de dos ganaderas con dos realidades diferentes, pero muchos puntos en común.

Cuando uno se adentra en el Valle del Corneja, en Ávila, puede disfrutar del encanto de pequeñas localidades como Bonilla de la Sierra, Cabezas de Bonilla o Pajarejos. Y en ellas descubrir que actividades como la ganadería, aunque escasean, siguen vivas. Flori García y María Luisa Martín son dos, de las tres, mujeres que se dedican a esta actividad.

La primera comparte la titularidad de la explotación con su marido, pasando a formar parte de ese escaso número de mujeres cotitulares. Según la Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural (AFAMMER), de las 945.024 explotaciones agrarias que había en España en 2018, solo 439 se encontraban en régimen de titularidad compartida.

Sin embargo, aunque dada de alta en la Seguridad Social como ganadera desde hace 20 años, no ha podido desarrollar esta profesión a tiempo prácticamente completo, hasta que sus tres hijos se han hecho mayores.

La conciliación es una quimera cuando una vaca puede parir de madrugada o cuando hay que estar preparado para cualquier imprevisto. Esto, que en pareja es más sencillo, tal y como reconoce Flori García, puede complicarse enormemente en el caso de llevar familia y trabajo una misma persona. María Luisa Martín lo sabe bien. Con la única ayuda de un familiar, de edad avanzada, saca adelante a sus dos hijas y su explotación ganadera.

Y en ese caminar, un horizonte repleto de nubarrones. Ambas enumeran los problemas a los que tienen que hacer frente: el precio estancado de la carne, desde hace dos décadas. Un cambio climático que hace que la primavera y el invierno “pasen de puntillas” por una Ávila que se queda sin pastos ni agua, fundamentales para el ganado. Ante esto solo queda invertir en heno, paja, pienso… para su alimentación.ganaderas-2-bonilladelasierra-avila-españa

Y el problema más grave para Flori García: el saneamiento ganadero. Explica que desde Europa exigen, para poder cobrar ayudas, someterse a este saneamiento una vez al año. En el mismo se comprueba que las cabezas de ganado estén libres de tuberculosis y brucelosis. En caso de detectar una posible anomalía, tras llevar a cabo las pruebas, el veterinario paraliza la explotación y obligan al ganadero a sacrificar al animal que ha dado positivo. Aunque, en opinión de García, “este análisis es muy poco fiable”. Y “los intermediarios aprovechan para pagar menos por los terneros”, se lamenta. Esta prueba vuelve a repetirse escasos meses después. “Y mientras esto sucede, el ganadero pierde mucho dinero”, asegura. Por ello sugiere que “si un veterinario considera que una vaca tiene tuberculosis, al llevarla al matadero, levante el castigo ”.

Todo ello hace un relevo generacional imposible. Ni una ni otra ve a sus hijos recogiendo su legado, mientras observan, con tristeza, otra dura realidad: el agonizar de unos pueblos en los que no ven oportunidades de desarrollo para la mujer.

Y, mientras el futuro incierto llega, hacen un llamamiento a los políticos, por los que reconocen que no se sienten apoyadas. “Nadie nos ofrece un incentivo para seguir peleando y muchas veces te preguntas para qué te esfuerzas”, reconoce María Luisa Martín. Mientras coincide con Flori García en pedir un refuerzo en servicios prioritarios y una ayuda para que la gente se quede en el campo “porque si el sector primario desaparece, desaparece todo”, argumentan ambas.

Mientras tanto, seguirán luchando, reivindicando su puesto en el mundo rural porque, demostrado queda que la mujer está preparada para desarrollar cualquier trabajo. Ellas son un claro ejemplo.