Hoy vuelvo a levantarme sin la celeridad que hasta ahora me ha transmitido la gran ciudad. La necesidad de correr para no perder un Metro, evitar un atasco y cumplir con una completa agenda en la que lo urgente prima sobre lo importante.

Momentos encadenados que me llevan a querer escapar al mundo rural, donde todo transcurre de un modo diferente. Aunque solo sea un pequeño oasis en medio de un desierto.

En esta quietud, recién adquirida, la música de Hauser suena de fondo mientras siento el latido de mi corazón. A través de la ventana de mi habitación, un cielo nublado me asegura que un poco más allá está el sol. Y pronto volverá a brillar.

Es la magia de una vida que nos enseña la importancia de sentirla y vivirla. Porque la vida y yo somos un todo. La vida y tú otro. Y juntos conformamos un gran equipo. Latido a latido vamos construyéndola. Disfrutando de la gran aventura del vivir. Reconociendo la suerte que tenemos de poder amar, soñar y convertir los sueños en realidad.

En innumerables ocasiones he deseado que el mundo parase para bajarme. Estos días me he dado cuenta de que no quiero apearme en esta estación. He aprendido a disfrutar de las personas a las que quiero. Valorar mi propio espacio. Desear la libertad que en breve volveremos a recuperar. Devorar documentales, cine y libros. Y sobre todo, de cuánto echo de menos a aquellos que son fundamentales para mí…

En esta época cobra importancia la frase de que “lo importante no es lo que nos sucede sino cómo reaccionamos ante ello”. Todo tiene su razón de ser. El color negro hace que el rojo sea más intenso. La tristeza nos permite disfrutar más los momentos de alegría. Y el desamor, valorar en mayor medida al amor.

El sol siempre empuja con fuerza. Pero independientemente de que el día sea soleado o nublado, no podemos dejar nunca a un lado nuestros sueños. Porque cada sueño es una esperanza y una oportunidad.

Hoy más que nunca siento el latido de la vida. Ese que me asegura que este segundo es el más importante. Que a través de él llegaré al segundo siguiente y así sucesivamente. Disfrutemos de este instante y en el siguiente nos veremos nuevamente. En la gran ciudad o en el mundo rural, pero nos veremos. Y volveremos a disfrutar juntos de la grandeza de nuestra existencia.