El esplendor que vivió entre los siglos XIII y XVIII le dan un toque acogedor y misterioso. De esa época dorada conserva el porte y la elegancia, que solo los grandes pueden transmitir.
A menos de una hora de la capital abulense, el color ocre del campo acompaña, en la época estival, al turista que llega en coche por la carretera N-110. La estampa, de calendario, no deja indiferente. Bonilla alberga algunos de los tesoros imprescindibles de esta comunidad.
Las catedrales de Castilla y León son admiradas por propios y extraños. Y, aunque San Martín de Tours no llega a esta categoría, es la estrella de la corona de este pueblo medieval del que los obispos de Ávila hicieron su lugar de veraneo, encumbrándole a lo más alto. Indiscutible, grandiosa, finalizada en el siglo XV, “la gran dama” aporta todo su glamour con cuadros de la Escuela de Zurbarán en su interior.
Bonilla, además, cuenta con uno de los 2.000 castillos que existen en España y que forma, junto a la colegiata y la plaza porticada, un equilibrio perfecto, irresistible, para el gran número de turistas que acuden en busca de nuevos pueblos por visitar.
Pero esto no es todo. Esta villa ofrece un ramillete de pequeñas curiosidades que varias personas mostrarán a aquellos que acudan a Bonilla. En la “oficina de turismo”, habilitada en las antiguas escuelas, podrán acceder a los voluntarios que les acompañarán en una visita guiada, tanto para la iglesia como para el conjunto del pueblo. El horario durante este mes de julio será de 11 a 13 h y de 18,30 a 20,30 h.









